pensar que pueda venir al mundo en un lugar que en un principio no sabríamos nombrar siquiera, que se ve por primera vez y que, en este lugar anónimo, desconocido, se pueda crecer, circular hasta que se conozca su nombre, se pronuncie con amor, se le llame hogar, se hundan en el las raíces se alberguen nuestros amores, hasta el punto que, cada vez que hablamos de él, lo hagamos como los amantes, en cantos nostálgicos, y poemas desbordantes de deseo.
Willian Goyen.
dejas la maleta en el suelo. miras la casa que tienes delante, es la que buscas, estás seguro. en cambio sacas del bolsillo interior de tu chaqueta la fotografía vieja roída por el ratón del tiempo. en efecto es igual aunque diferente a la vez, todo es exacto. metes la fotografía en ese bolsillo que late al mismo ritmo de tu corazón. no tienes llave, ni papeles que lo certifiquen, pero esta es tu casa. (Luz en ruinas. Itziar Mínguez Arnáiz)
El anhelo en boca de otro II
¿Por qué nos saciamos tan pronto de la dicha de habitar aquella morada? ¿Por qué no hicimos durar las horas pasajeras? Le faltó a la realidad algo más que la realidad misma. En la casa no hemos soñado bastante.
Gaston Bachelard.
Gaston Bachelard.
En boca de otro III
Ma maison est diaphane, mais n’est pas de verre. Elle est plus de la nature de la vapeur. Ses murs se condensent et se relâchent suivant mon désir. Parfois, je les serre autour de moi, telle una armure d’isolement... mais parfois je laisse les murs de ma maison s’épanouir dans leur espace propre, qui est l’extensibilité infinie.
Mi casa es diáfana pero no de vidrio. Es más bien de la misma naturaleza que el vapor. Sus paredes se condensan y se relajan según mi deseo. A veces, la estrecho en torno mío, como una armadura aislante...Pero otras, dejo que los muros de mi casa se expandan en su espacio propio, que es la extensibilidad infinita.
Georges Spyridaki
Mi casa es diáfana pero no de vidrio. Es más bien de la misma naturaleza que el vapor. Sus paredes se condensan y se relajan según mi deseo. A veces, la estrecho en torno mío, como una armadura aislante...Pero otras, dejo que los muros de mi casa se expandan en su espacio propio, que es la extensibilidad infinita.
Georges Spyridaki
En boca de otro II
Qui n´a pas au fond de son coeur
Un sombre château d´Elseneur
...
A l´instar des gens du passé
On construit en soi-même pierre
Par pierre un grand château hanté.
Quien no tiene en su corazón
Un sombrío castillo de Elsinor
...
Como las gentes del pasado
Construyo en mí mismo, piedra
sobre piedra, un gran castillo con fantasmas.
Vincent Monteiro.
Un sombre château d´Elseneur
...
A l´instar des gens du passé
On construit en soi-même pierre
Par pierre un grand château hanté.
Quien no tiene en su corazón
Un sombrío castillo de Elsinor
...
Como las gentes del pasado
Construyo en mí mismo, piedra
sobre piedra, un gran castillo con fantasmas.
Vincent Monteiro.
Los Olores II
Las paredes
cómo las abuelas
rezuman inevitablemente,
a través del olor de la piel
escamada,su ancianidad.
Y ni mil jazmines
en la cómoda, en el sujetador,
pueden obviar el peso de esta edad.
cómo las abuelas
rezuman inevitablemente,
a través del olor de la piel
escamada,su ancianidad.
Y ni mil jazmines
en la cómoda, en el sujetador,
pueden obviar el peso de esta edad.
En boca de otro I
Huésped me fue palabra misteriosa.
Huésped es el que viene de muy lejos,
de algún pueblo que nunca habremos visto.
Huésped es el que viene por la noche,
toca la aldaba de la puerta y todo
el umbral resplandece como nieve.
Huésped es quien se sienta a nuestra mesa
sólo por una noche, y no se acierta
sino ya a oír lo que su boca dijo.
Huésped es el que alegra con su rostro,
y alumbra con sus manos nuestro pan,
y no logramos recordar su nombre.
Huésped es el que ha de partir, al alba.
Fina García Marruz.
Huésped es el que viene de muy lejos,
de algún pueblo que nunca habremos visto.
Huésped es el que viene por la noche,
toca la aldaba de la puerta y todo
el umbral resplandece como nieve.
Huésped es quien se sienta a nuestra mesa
sólo por una noche, y no se acierta
sino ya a oír lo que su boca dijo.
Huésped es el que alegra con su rostro,
y alumbra con sus manos nuestro pan,
y no logramos recordar su nombre.
Huésped es el que ha de partir, al alba.
Fina García Marruz.
El anhelo en boca de otro I
Me gustan estos momentos, estos, en los que me quedo sola y la casa se convierte en algo parecido a un óvulo en el que fertilizan y multiplican todas las células de mi calma.
Paseo por ella, me expando, descalzo mis pies y mis paredes, dejo que las esquinas –tan marcadas- se relajen y suavicen. La casa entera escupe entonces una especie de quejido tosco, un suspiro hondo, como de bosque, como de brisa, como si expulsara de sus pulmones la contaminación comprimida de palabras no dichas. Se relaja y se desliza en un vaivén de respiración tranquila. Es entonces, preñada de mí, cuando me busco.
Normalmente encuentro pedazos de mí misma bajo la cama, sueños de medianoche que lanzo al precipicio del colchón y que se evaporan como vampiros al amanecer. Encuentro allí, bajo los subterráneos de la habitación, trozos de mi sonrisa, migajas de sueños que se enroscaron entre pelusas de hastío para olvidarse a sí mismas y el sudor de un gemido que se llevó, completo, el hambre de una antigua canción.
Me desentraño y me esparzo, me acometo a pedazos de alma en el suelo. Luego me quedo con ellos en la mano como si fueran jeroglíficos de la antigüedad, piezas perdidas de distintos puzzles que no encajan entre sí y que ya no recuerdan siquiera qué tuve, qué quise, ni quien fui.
Y es que hay olvidos qué, sin saberlo, nos lanzan al abismo del recuerdo.
Publicado por Howa el 15 de noviembre de 2010.
Paseo por ella, me expando, descalzo mis pies y mis paredes, dejo que las esquinas –tan marcadas- se relajen y suavicen. La casa entera escupe entonces una especie de quejido tosco, un suspiro hondo, como de bosque, como de brisa, como si expulsara de sus pulmones la contaminación comprimida de palabras no dichas. Se relaja y se desliza en un vaivén de respiración tranquila. Es entonces, preñada de mí, cuando me busco.
Normalmente encuentro pedazos de mí misma bajo la cama, sueños de medianoche que lanzo al precipicio del colchón y que se evaporan como vampiros al amanecer. Encuentro allí, bajo los subterráneos de la habitación, trozos de mi sonrisa, migajas de sueños que se enroscaron entre pelusas de hastío para olvidarse a sí mismas y el sudor de un gemido que se llevó, completo, el hambre de una antigua canción.
Me desentraño y me esparzo, me acometo a pedazos de alma en el suelo. Luego me quedo con ellos en la mano como si fueran jeroglíficos de la antigüedad, piezas perdidas de distintos puzzles que no encajan entre sí y que ya no recuerdan siquiera qué tuve, qué quise, ni quien fui.
Y es que hay olvidos qué, sin saberlo, nos lanzan al abismo del recuerdo.
Publicado por Howa el 15 de noviembre de 2010.
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